Entre 15 y 20 informales día tras día van tirando y empujando una pesada carreta cargada con verduras, frutas y otros alimentos. La jornada la inician en el Centro de Acopio desde las 6 de la mañana cuando cargan el carrito de madera acondicionado con cuatro ruedas y un lazo para jalarlo.
De ahí salen llevando la voluminosa carga y, en el recorrido hasta los mercados públicos, sortean dificultades como tener que aguantarse a conductores furiosos que con pito y palabras soeces quieren abrirse paso.
José Domingo Contreras, padre de 4 hijos y conocido como ‘El diablo’ tiene en el oficio 32 años. Asegura que es una labor digna y que ejerce con orgullo, porque de no ser por ellos los mercados de la Ciudad Mitrada permenecerían vacíos.
No ganan mucho y pese al agotamiento que les dejan las largas jornadas de trabajo cumplen con las entregas en las empinadas calles de Pamplona. Del centro de abastos hasta los puntos finales hacen un recorrido que dura, en promedio, entre 30 y 40 minutos.
Las ganancias diarias fluctúan entre $5.000 y $20.000. Los recursos no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas.
Llueva, truene o relampagueé, carreteros como José Domingo deben conseguir el diario para la manutención de sus familias. Pese a sobrevivir de la informalidad la mayoría cuenta con afiliación al Sisbén y a la EPS.
“Recuerdo que antes de construirse el Centro de Acopio la mayoría de carreteros madrugábamos a cargar en el sector La Amostacen”, dijo Contreras.
El hombre recalcó que este es el único oficio que sabe hacer y a los 15 años jaló su primera carreta.
La experiencia la define como enriquecedora, sin embargo, se quejó por la falta de empresas que generen empleo y apoyen la actividad que hace parte de las tradiciones de la Ciudad Mitrada.
“El punto más difícil de transitar es la cuesta de la calle 5. Allí debemos entre tres personas empujar la carreTa por la parte trasera”, contó.
Por cada bulto de frutas o verduras que suben a las carretas cobran $1.000. Sin embargo, se llenan de tristeza cuando ven subir carros piratas cargados con las que podrían haber sido sus ganancias diarias. Ellos son quienes los tienen al borde de la quiebra y la desaparición de las calles pamplonesas.
ROBERTO OSPINO TORRES.

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